La imagen que se aprecia al principio, fue
la última fotografía tomada en la Ciudad de Caracas antes de llegar al
Aeropuerto Internacional de Maiquetía a horas de mi partida, cargando seis
maletas, muchos recuerdos y el sueño de una calidad de vida mejor.
Luego del trajín muy distinto a un viaje
de placer, las despedidas telefónicas, la inspección de dos mascotas, el
chequeo de la carga inusual por llevar “la mayor cantidad de cosas que nos
puedan servir en el nuevo destino”, el pago del sobre peso, la maleta que
sobraba y el trayecto de 6 horas; por fin arribamos a un pequeños país de
Centro América. Costa Rica.
La primera persona que estrechó mi mano es
esta tierra, antes de decir su nombre, con una sonrisa en la boca expresó:
“PURA VIDA”. Ese gesto realmente me sacudió el alma. En este pequeño país, tan
pequeño que sus 51.100 km2 caben
dentro del Estado Apure, la decencia, la educación, el respeto hacia el otro y
las buenas costumbres, parecieran ser parte de una vacuna que le inyectan sus
habitantes al nacer. Luego de dos meses en esta tierra, no me he topado con una
sola persona que me deje el saludo sin responder, desde el chofer de bus (sin alusiones personales), hasta
el empleado público, respetan y tratan al otro como si se conocieran de siempre, como si dejar de hacerlo representara un pecado mortal.
En un reportaje de El Universal el 16 de
agosto de 2011, alguien definía a los venezolanos como: “alegres, buenos
anfitriones, cálidos, cariñosos, amables, educados, solidarios y
parranderísimos” y con seguridad a cualquier compatriota que le pregunten, con
afirmaría lo mismo. Sin embargo, ¿cuantos no hemos pasado por el trago amargo
de un sonoro “El coño e tu madre”, o peor aún “MMG”, por impedirle a otro
conductor que le quite la vía, o por no dejar pasar a un motorizado? ¿Cuantas
personas realmente responden los buenos días al montarnos en un ascensor? ¿Cómo
nos comportamos al entrar y salir de los vagones del metro? ¿Qué pasa en los
supermercados cuando de conseguir los productos se trata?
Un reportaje de investigación de
eltiempo.com.ve, advierte sobre la intolerancia y agresividad en las calles de
Venezuela: (…) “El bebé sólo alcanzó los seis meses de gestación debido a
que su madre, Rosibel González, recibió una patada en el abdomen por parte de
su propia hermana al forcejear por un kilo de harina precocida en una
bodeguita (…)”. (…) “hay desespero por entrar al cine: la gente se grita de
todo, se caen a golpes porque se colean, se lanzan cotufas. Me acostumbré a la
agresividad. Vienen molestos de la calle y uno a veces paga los platos rotos”,
lamenta el trabajador.”. Estos relatos son apenas algunas de las tantas
historias que se escuchan a diario, tan increíble como la que ya pareciera
normal, que “lo mataron por no tener nada que robarle”.
La pregunta que me hago una y otra vez, es
¿siempre fuimos así? ¿En qué momento dejamos de ser los alegres, buenos
anfitriones, cálidos, cariñosos, amables, educados, solidarios y
parranderísimos? ¿Quién fue o es el responsable?
La respuesta a esa pregunta, salta a mi
mente sin mayor dificultad. A finales de los noventas tras el ascenso al poder
de aquel golpista fracasado, que comandó una operación militar para rendirse,
inició en Venezuela un proceso de fractura y guerra de clases, en donde este
disociado y resentido inoculó en la psique de una buena parte de compatriotas
locuras como que “su pobreza es culpa de los ricos”, es decir, de aquellos que
estudiaron, se esforzaron y se empeñaron en ser mejores cada día, .... “ellos te
robaron el sueño”.
¿Quién no recuerda al iracundo señor Hugo,
maldecir, ofender o vilipendiar a cualquier venezolano o extranjero que no se
alineara a su causa? Este señor cuya razón pudiera compararse don la del
pliopithecus, (tal vez este último fuese más inteligente) supo rodearse de elementos con una escasa preparación intelectual
pero con infinita lealtad, que continuaron su legado transformarnos en una
sociedad agresiva y mezquina, en donde la bondad y el amor pasaron al olvido.
Ahora Venezuela es el país del “Patria
socialista o MUERTE”, “Con
el Mazo Dando”, “La Hojilla”, “Aporrea”, la primera combatiente, los
comités de batalla, la “GUERRA económica” y la contra ofensiva revolucionaria,
entre muchas otras.