martes, 23 de junio de 2015

"Pura Vida"

    



La imagen que se aprecia al principio, fue la última fotografía tomada en la Ciudad de Caracas antes de llegar al Aeropuerto Internacional de Maiquetía a horas de mi partida, cargando seis maletas, muchos recuerdos y el sueño de una calidad de vida mejor.

Luego del trajín muy distinto a un viaje de placer, las despedidas telefónicas, la inspección de dos mascotas, el chequeo de la carga inusual por llevar “la mayor cantidad de cosas que nos puedan servir en el nuevo destino”, el pago del sobre peso, la maleta que sobraba y el trayecto de 6 horas; por fin arribamos a un pequeños país de Centro América. Costa Rica.

La primera persona que estrechó mi mano es esta tierra, antes de decir su nombre, con una sonrisa en la boca expresó: “PURA VIDA”. Ese gesto realmente me sacudió el alma. En este pequeño país, tan pequeño que sus 51.100 km2 caben dentro del Estado Apure, la decencia, la educación, el respeto hacia el otro y las buenas costumbres, parecieran ser parte de una vacuna que le inyectan sus habitantes al nacer. Luego de dos meses en esta tierra, no me he topado con una sola persona que me deje el saludo sin responder, desde el chofer de bus (sin alusiones personales), hasta el empleado público, respetan y tratan al otro como si se conocieran de siempre, como si dejar de hacerlo representara un pecado mortal.

En un reportaje de El Universal el 16 de agosto de 2011, alguien definía a los venezolanos como: “alegres, buenos anfitriones, cálidos, cariñosos, amables, educados, solidarios y parranderísimos” y con seguridad a cualquier compatriota que le pregunten, con afirmaría lo mismo. Sin embargo, ¿cuantos no hemos pasado por el trago amargo de un sonoro  “El coño e tu madre”, o peor aún “MMG”, por impedirle a otro conductor que le quite la vía, o por no dejar pasar a un motorizado? ¿Cuantas personas realmente responden los buenos días al montarnos en un ascensor? ¿Cómo nos comportamos al entrar y salir de los vagones del metro? ¿Qué pasa en los supermercados cuando de conseguir los productos se trata?

Un reportaje de investigación de eltiempo.com.ve, advierte sobre la intolerancia y agresividad en las calles de Venezuela:  (…) “El bebé sólo alcanzó los seis meses de gestación debido a que su madre, Rosibel González, recibió una patada en el abdomen por parte de su propia hermana al forcejear por un  kilo de harina precocida en una bodeguita (…)”. (…) “hay desespero por entrar al cine: la gente se grita de todo, se caen a golpes porque se colean, se lanzan cotufas. Me acostumbré a la agresividad. Vienen molestos de la calle y uno a veces paga los platos rotos”, lamenta el trabajador.”. Estos relatos son apenas algunas de las tantas historias que se escuchan a diario, tan increíble como la que ya pareciera normal, que “lo mataron por no tener nada que robarle”.

La pregunta que me hago una y otra vez, es ¿siempre fuimos así? ¿En qué momento dejamos de ser los alegres, buenos anfitriones, cálidos, cariñosos, amables, educados, solidarios y parranderísimos? ¿Quién fue o es el responsable?

La respuesta a esa pregunta, salta a mi mente sin mayor dificultad. A finales de los noventas tras el ascenso al poder de aquel golpista fracasado, que comandó una operación militar para rendirse, inició en Venezuela un proceso de fractura y guerra de clases, en donde este disociado y resentido inoculó en la psique de una buena parte de compatriotas locuras como que “su pobreza es culpa de los ricos”, es decir, de aquellos que estudiaron, se esforzaron y se empeñaron en ser mejores cada día, .... “ellos te robaron el sueño”.
¿Quién no recuerda al iracundo señor Hugo, maldecir, ofender o vilipendiar a cualquier venezolano o extranjero que no se alineara a su causa? Este señor cuya razón pudiera compararse don la del pliopithecus, (tal vez este último fuese más inteligente) supo rodearse de elementos con una escasa preparación intelectual pero con infinita lealtad, que continuaron su legado transformarnos en una sociedad agresiva y mezquina, en donde la bondad y el amor pasaron al olvido.
Ahora Venezuela es el país del “Patria socialista o MUERTE”, “Con el Mazo Dando”, “La Hojilla”, “Aporrea”, la primera combatiente, los comités de batalla, la “GUERRA económica” y la contra ofensiva revolucionaria, entre muchas otras.
Sr. Chavez, su legado fue enseñarnos a odiar. Esperemos pues una vez la olla haya quedado vacía y el gobierno forajido se encuentre en manos de la justicia humana o divina, el país del cálido, amable, buen anfitrión, vuelva a ser lo que fue. Mientras tanto, me voy acostumbrando a saludar, sonreír y decir a mi interlocutor “PURA VIDA”.       

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